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Mudo el blog. A partir de ahora publicaré, con la irregularidad que me caracteriza, en la siguiente dirección:

http://lasletrasylascosas.wordpress.com

El feed para las suscripciones es el que sigue:

http://lasletrasylascosas.wordpress.com/feed/

Y también el de Feedburner, que es el mismo de antes:

http://feeds.feedburner.com/lasletrasylascosas

Y, ahora, las razones de la decisión, porque vivir es justificarse.
Cuando empecé a colgar materiales en la Red me tuve que valer de los incomodísimos alojamientos de 5 y 10 Mb que proporcionaban Terra y Telefónica. En muy poco tiempo se me hizo absolutamente necesario disponer de un espacio propio y amplio en el que integrar todo lo que había diseminado por ahí: el riesgo de ciberesquizofrenia se disparaba cada vez que tenía que actualizar un documento y recordar en dónde lo había puesto. El caso es que contraté el dominio auladeletras.net y en él puse mis páginas estáticas, que allí siguen y seguirán. Algo después descubrí el blog y tras unos años en Blogalia me decidí a instalar un sistema de publicación en mi propio alojamiento. Algo parecido me sucedió con Moodle: no tardé en instalar un aula virtual con la que he disfrutado y aprendido.
Pero ya estoy cansado. Mantener un alojamiento es estar pendiente de las constantes actualizaciones del software php instalado y de los indeseables que se cuelan en tu espacio y toquetean todo lo toqueteable. Desde que mantengo el blog y el aula virtual no sé cuántas veces he tenido que pelearme con las configuraciones, reinstalaciones, reparaciones, los archivos index.php que alguien o algo han convertido en sucesiones de enlaces camuflados a sitios tan poco educativo como casinos, webs de apuestas, anuncios de segunda mano y otros lugares de dudosa moralidad. Estoy harto de que haya quien no comprenda que el sitio auladeletras.net es un espacio educativo y personal en el que se ofrecen recursos gratuitos y libres. Estoy harto de que me usen como conejillo de indias de hackers de pacotilla o que ciertos aguilillas virtuales piensen que pueden subir su posición en la Red introduciendo enlaces de tapadillo a sus sitios entre mis páginas. Es muy cansado, y yo soy filólogo, no informático.
Así que cruzo el Rubicón de vuelta a mis cuarteles de invierno y abandono el alojamiento de blog y Moodle. ¡Que les vayan dando! Ahora las cosas en la Red han cambiado lo suficiente como para mantener un blog en Wordpress.com con 3 Gb de capacidad, espacio más que suficiente para alojar lo que tenía en el de antes. Me lo llevo a esa nueva dirección y me despreocupo del mantenimiento.
Abandonar Moodle es más difícil porque se pierden funcionalidades, pero no hay más remedio. Desde ahora utilizaré blogs de aula para apoyar mis asignaturas. De momento he abierto dos para las de este curso: Literatura universal y Lengua de 1º de Bachillerato.
En fin, que me retiro, pero no huyo del todo. Me repliego, pero mantengo una punta de lanza: los materiales estáticos de la primitiva Aula de Letras.
¡Qué hartazgo de estúpidos hackers que no saben nada de nada! ¡Me habéis vencido, o eso creéis!

A pesar de que las instrucciones que las Universidades Andaluzas han publicado sobre la futura selectividad de la asignatura de Literatura Universal parecen dar a entender que se ignore la producción anterior a Boccaccio, no parece lógico hacerlo, si es que conseguimos olvidar el pragmatismo y atendemos a la formación literaria del alumnado.

El caso es que, olvidando los modelos de exámenes del mañana, he comenzado el curso con un recorrido por Mesopotamia, Egipto, la Biblia, India, China, Persia y, por supuesto, Grecia y Roma, que es en lo que ando metido por el momento.

Y como de bien nacido a la web es el compartir, aquí os dejo la presentación con la que estoy apoyando la explicación de la literatura clásica, por si fuere de utilidad a quien pasee por estos lugares virtuales.

En Pavía

A poco más de 20 kilómetros de Milán, entre arrozales que explican la fijación por el risotto de los lombardos, se encuentra la ciudad de Pavía. La ciudad y su entorno merecen una visita de quienes deseen acercarse al estilo románico característico de la región y de aquellos otros obstinados en visitar escenarios de pasadas glorias hispanas, que de todo hay en la viña del Señor.

Pero antes de llegar a la ciudad de Pavía es muy recomendable detenerse en la localidad de Certosa di Pavía para visitar una impresionante cartuja. Si se ha decidido hacer la excursión en tren desde Milán, como fue nuestro caso, debe tenerse en cuenta que la estación de Certosa está al lado de la Cartuja, pero no de su entrada. Será necesario rodear todo el perímetro de la misma dando un buen paseo a pie para encontrarse con la sorpresa mayúscula de la fachada principal del edificio.

En el interior, una iglesia que llama al paseo silencioso y un claustro pacífico, tranquilo, lleno de puntos de vistas inolvidables.

Los detalles son constantes en el monasterio: rincones, capiteles, celdas de monjes, salas variadas y fuentes, como esta que era utilizada por los monjes como lavatorio y que se encuentra a las puertas del refectorio.

Tras la visita al monasterio, puede el viajero volver sobre sus pasos hacia la estación para tomar un tren que en pocos minutos le dejará en la ciudad de Pavía. En ella hay mucho que ver en sus calles de aire medieval: plazas, iglesias, el puente cubierto (reconstrucción del destruido durante la II Guerra Mundial), una catedral en proceso de reconstrucción completa, los restos de la Torre Cívica hundida en los años 80 del pasado siglo, etcétera. Sin embargo, de todos los edificio de Pavía creo que es la iglesia de San Michele el más llamativo.

Románico, románico, pero con una altura en sus naves y fachada que sorprende al visitante. En el interior, capiteles…

Y una cripta en la que sentarse a meditar sobre las glorias vanas, envuelto en el frescor y silencio de una iglesia desierta en una tarde ardiente de julio.

El precio de la fama

Cuando la gente de Photofunia se puso en contacto conmigo para solicitarme una sesión de fotos no podía imaginar que el resultado sería tan apabullante, a la par que molesto. En principio me lo tomé como una broma, pero quise seguir la corriente porque en estas tórridas vacaciones del 2009 poco hay que hacer y cualquier iniciativa es digna de consideración. Sin embargo, en pocos días comprobé cómo las decisiones que se toman a la ligera acarrean consecuencias insospechadas y un punto inquietantes. Una mañana, mientras daba un paseo matinal antes de que los horrores del sol disolvieran las pocas neuronas que aún me quedan, una valla publicitaria me dejó boquiabierto…

Un poco después, mi sorpresa aumentó hasta límites nunca experimentados cuando en otros lugares mi imagen volvía a aparecer.

No se pueden imaginar ustedes hasta qué punto se sufre la pérdida del anonimato al estar expuesto a las miradas inquisidoras de conductores, viandantes y público en general. Pero al menos, pensé, tan sólo se mostraban imágenes de mi rostro. O eso pensaba, porque al día siguiente me descubrí expuesto en compañía de un amigo en una actitud algo vergonzante…

Observaba que algunos peatones se detenía ante el reclamo publicitario. También me parecía oir sus pensamientos: “valiente par de imbéciles”, se decían. Yo deseaba que la tierra me tragase, que todo acabase, pero aún estaba lo peor por llegar. Una cafetería del centro de la ciudad había empapelado una de sus cristaleras con mi cara.

Y en la terraza, dos lindas muchachas leían revistas mal llamadas femeninas que abrían sus portadas con mi cara a todo color y esplendor.

Para preservarme de la popularidad no deseada me refugié en el interior, aunque tampoco allí encontré el anonimato liberador.

Quiero creer que los ojos cerrados de la fémina se debían al sabroso café y no a unos lúbricos pensamientos provocados por la imagen de la taza. ¡Qué horror, pardiez! Salí corriendo como alma que llevase el diablo y abandoné la ciudad. Un viaje relámpago fuera de mi entorno, donde nadie me conociese y pudiese disfrutar de nuevo de mi medianía anónima. Pero todo parecían esfuerzos vanos, porque en el metro de París, tras unos días de relajación en los que llegué a pensar que solamente había sido un mal sueño, la campaña con mi rostro volvió a hacerme temblar de pavor.

Asumí que todo estaba definitivamente perdido y regresé al hogar con la firme decisión de no asomar mi cuerpo serrano hasta que la crudeza del invierno, los partidos del siglo, el comienzo del curso político y otros eventos de interés general borraran mi imagen de la cartelería. Creí vencer. Recobré la felicidad.

Esta mañana, sin embargo, mi mujer desayunaba y, como tantas otras veces, se entretenía con un puzzle. Normalmente no presto atención a los motivos troquelados, pero un pálpito cardiaco me hizo fijarme más detenidamente en su actividad. Ya le quedaban pocas piezas por colocar y se podía ver perfectamente cuál era el motivo principal…

Ahora, mientras termino esta entrada, sé que nada puedo hacer. Ya no tengo imagen ni intimidad ni nada parecido. Sólo soy un producto vacío que no se siente con fuerzas para cruzarse con otros seres humanos. Simplemente soy, como dijo Shakespeare por boca de Romeo, un juguete de la fortuna.

Aunque en una entrada anterior quise dejar claro que Milán es ante todo su catedral, lo cierto es que hay más ciudad, como no podía ser de otro modo. A solo un paso de la Plaza del Duomo, una imponente torre invita al viajero a sumergirse en el castillo con que los Sforza quisieron protegerse de los peligros de la Italia medieval.

Después de disfrutar de la mole de ladrillo y piedra y de sus museos (no se debe dejar de ver la Pietá rondanini de Miguel Ángel), es muy recomendable encaminarse hacia una de las puertas que daban acceso a la ciudad medieval: la Pusterla de San Ambrogio.

Allí cerca, el visitante descubrirá una de las iglesias más hermosas de Milán, glorioso románico de ladrillos rojos, arcos de medio punto y esbeltas torres. Contemplar la iglesia de San Ambrogio rompe los esquemas prefijados que sobre el románico pudiera tener el viajero, pues también se eleva hacia el cielo milanés este templo medieval.

Es San Ambrogio un lugar repleto de detalles, en sus capiteles…

… Y en los fustes de las columnas que sostienen la iglesia.

Por fuerza, el paseante no podrá evitar pasar en el silencio de San Ambrogio un largo tiempo, tras el cual puede continuar el camino en dirección a otra de las puertas de la ciudad: la Porta Ticinese. Junto a ella, otra iglesia se levanta sobre los restos de un templo romano del que tan sólo quedan dieciséis enormes columnas como recuerdo de lo que un día fue Mediolanum.

La iglesia de San Lorenzo se presenta como un verdadero compendio de la historia de Milán: columnata romana, cripta paleocristiana, construcción románica y añadidos de los siglos XVI, XVII y XVIII. Rodeando la iglesia puede verse desde atrás como los diferentes estilos se solapan para convivir en el tiempo.

El paseo puede terminar muy cerca de San Lorenzo, en la plaza de San Eustorgio, donde se levanta la iglesia del mismo nombre con una hermosísima capilla aneja:

En ese lugar, el viajero que se ha atrevido a vencer la atracción del Duomo y del templo comercial en que el siglo XX ha convertido la ciudad puede descansar, tomar una buena comida en el restaurante de la plaza y recuperar fuerzas para dedicar la tarde al Cenacolo Vinciano, si es que ha tenido la precaución de reservar entradas con varios meses de antelación.

Tienen algunos relatos de Maupassant un no sé qué entre lo socarrón y lo lírico. Lo pragmático se une a lo sentimental; lo masculino entra en conflicto con lo femenino, si es que existen uno y otro; lo que fue renace en un instante para confluir con lo que es en los estrechos límites del cuento breve, como es el caso de “En el bosque”. Dejo a continuación el texto leído que ofrece Alba learning, un impresionante e interesantísimo sitio de audiolibros que conviene visitar y disfrutar.

Si se desea seguir los caminos de Maupassant, pueden resultar útiles los siguientes recursos:

Supongo que muchas personas identificarán Milán con la moda, con los automóviles, con el fútbol, con la Liga Norte o con Berlusconi y sus cosas. Sin embargo, para mi esta ciudad es antes que nada y por encima de todo el Duomo.

La mole de piedra blanca atrae la mirada desde el mismo momento en que se llega a la plaza en la que impera. Parece que el viajero no pudiera resistir su magnetismo de mármol blanco refulgente que se cuela en la retina para quedarse en ella por siempre. Es tremendamente sorprendente su aparición al llegar a la gran plaza desde las fauces del metro y descubrir de golpe que Milán es su Duomo.

La imponente catedral dialoga con su entorno, imponiéndose siempre a cuanto la rodea, así sea la esbelta torre románica de San Gottardo…

O las fauces del nuevo templo del comercio que parece querer retar al edificio gótico a un duelo singular.

Pero de ese duelo saldrá victorioso, sin lugar a dudas, el viejo Duomo de piedra que se eleva desde la tierra hacia el cielo lombardo para hablar con quienes habitan más allá de la plaza y de la tierra.

Porque la catedral de Milán es un laberinto de roca blanca que es difícilmente comprensible desde la perspectiva humana. ¿Qué pretendían sus constructores? ¿Por qué este mar de piedra?

Marco Aurelio

Marco Aurelio

Fue Marco Aurelio un personaje curioso: emperador poderoso, filósofo estoico, vencedor de sármatas, partos y demás pueblos belicosos de allende los limes. Y también culpable.

No le culpo de crueldades propias del gobierno del Imperio, ni de haber masacrado a los cristianos en Lyon, ni de que sus legiones llevasen la peste a Italia y diezmasen la población, ni siquiera del engendramiento de Cómodo, pues este hijo suyo nos ha permitido, siglos después, asistir a feroces y épicos combates sobre la arena del Coliseo romano.

Le culpo por ser el sustento intelectual de quienes atacan con fiereza la enseñanza pública.

- Me dejas muerta, bloguero.

Pues sí, Comentarista Implícito, sí. En el Libro I de sus Meditaciones, Marco Aurelio nos ha dejado una relación de agradecimientos a sus antepasados familiares e intelectuales. Al referirse a su abuelo materno, Catilio Severo, dice lo siguiente:

De mi bisabuelo: el no haber frecuentado las escuelas públicas y haberme servido de buenos maestros en casa, y el haber comprendido que, para tales fines, es preciso gastar con largueza.

Después de leer estas palabras no me sorprende que, llevados por un deseo de imitación del emperador estoico, muchas personas cada año hagan lo necesario para que sus retoños (y retoñas) escapen de la perniciosa enseñanza pública. Es comprensible el deseo de que tus descendientes compartan la bonhomía, el aprendizaje de la virtus, el respeto a la propia singularidad, la huida de los excesos, el valor de la humanidad. Ya se sabe que la excelencia reside en la ligereza de equipaje y, por tanto, mientras más se aligere el bolsillo más cerca se estará de ella. Sí, definitivamente, Marco Aurelio es el inductor intelectual, el soporte filosófico de quienes defienden lo privado por encima de lo público; gentes estas conocedoras de la obra del romano, seguidoras de sus principios.

- Pues yo me sigo quedando muertaaaaaa.

Bueno, tampoco te alteres mucho, mi Comentarista Implícito, que igual he exagerado un poco con la descontextualización.

Como cada primavera, cuando llega mayo, me crece la fiebre eurovisiva. Este año he conseguido controlar mis instintos y no he dedicado ninguna entrada al Festival para no castigar las meninges de mis escasos lectores. Sin embargo, anoche se celebró la Gala Final y no puedo ya reprimir un breve comentario.

Ganó Noruega -chico joven, guapo y cancioncilla ramplona- y España quedó en penúltimo puesto, superando solamente a una Finlandia atrapada por el hip-hop. Sobre la victoria noruega no creo que haya mucho más que decir además de constatar cómo se ha roto la hegemonía eslavo-balcánica-turca de los últimos años. Es decir, que se abre a otros países una puerta a la esperanza de ganar el Certamen. ¡Horror y pavor! Esto me hace sospechar que las cabezas pensantes de la RTVE ya estarán ideando medios para presentar el próximo año una propuesta ganadora basada en sabe dios qué formula acústico-bailable-horterilla-rentable-ilusionante.

De la posición de nuestra madre España tampoco tiene mucho sentido escribir. Quedaron por encima de Soraya veintitrés países con intervenciones tan delirantes como la de la mezzo soprano sueca, capaz de no mover un músculo de su sonrisa esculpida en mármol durante toda la noche, o las brujas de walpurgis, fichadas por Armenia para sembrar de incertidumbre y pánico el alma de los espectadores de toda Europa. Delirante fue también la actuación de Albania, en la que el protagonismo se repartía entre unos danzarines enmascarados y un ventilador que a mitad de la actuación a punto estuvo de llevarse volando a la jovencísima intérprete. No se quedó atrás Moldavia, con una danza trompeteada que sumergió a la cantante y su cuerpo de baile en una locura de saltos regionales.

Como siempre, algunos países apostaron por el lucimiento físico de los intérpretes. Así, la Shakira turca y su marchosa danza del vientre, las neumáticas rumanas, el adonis griego o la extraña puesta en escena ucraniana, en la que interactuaba una cantante disfrazada de pilingui años 20 y unos musculosos varones tocados con casco estilo legionario romano destacado en los limes del Imperio.

Pero no todo fue terrible en la Gala. Portugal presentó un grupo, Flor de Lis, que interpretó un hermoso tema, resumen del folklore lusitano, repleto de instrumentos tradicionales y con una voz solista de increíble dulzura. La lástima es que las reglas del Festival impidieran que la banda participara con todos sus instrumentos. Os dejo el video de la canción (actuación en la final aquí):

Y para quien le interese, la letra de la canción Todas as ruas do amor:

Se sou tinta tu és tela,
Se sou chuva és aguarela,
Se sou sal és branca areia,
Se sou mar és maré-cheia,
Se sou céu és nuvem nele,
Se sou estrela és de encantar,
Se sou noite és luz para ela,
Se sou dia és o luar.

Sou a voz do coração
Numa carta aberta ao mundo,
Sou o espelho d’emoção
Do teu olhar profundo,
Sou um todo
Num instante,
Corpo dado
Em jeito amante;
Sou o tempo que não passa
Quando a saudade me abraça.

Beija o mar o vento e a lua
Sou um sol em neve nua
Em todas as ruas do amor
Serás meu e eu serei tua.

Se sou tinta tu és tela,
Se sou chuva És aguarela,
Se sou sal És branca areia,
Se sou mar és maré cheia,
Se sou céu és nuvem nele,
Se sou estrela és de encantar,
Se sou noite és luz para ela,
Se sou dia és o luar.
Beija o mar o vento e a lua
Sou um sol em neve nua
Em todas as ruas do amor
Serás meu e eu serei tua.

En fin, un Concurso más, una noche divertida con amigos, cervecitas, risas y apuestas equivocadas, ya que no fuimos capaces de acertar el ganador del concurso, aunque hubo quien vino de Flandes y se acercó bastante al resultado final. Si nos faltó algo fue la presencia de Mónica y Pepe, que este año decidieron perderse en la soledad de un rincón clásico del litoral andaluz y ausentarse de la cita anual. Pese a todo me queda el consuelo de que, como hay noche y día, a Pepe comenzaría a bullirle el frikismo a eso de las nueve de la noche y buscarían donde lo hubiera un televisor para disfrutar del Festival de los Festivales.

En el autobús

Una mujer observa las vidas de otras personas mientras viaja en autobús. Es una actividad tan repetida que se ha convertido en rutinaria y mecánica. Casi siempre se trata de los mismos viajeros, lo que ha creado entre ellos una cierta familiaridad que no llega a traspasar la frontera invisible de la palabra intercambiada. Tan sólo ráfagas visuales de reconocimiento.
El vicio de esta mujer es la mirada que busca penetrar en la vida de las gentes que con ella comparten el trayecto. Probablemente espera encontrar consuelo en la comprobación de que cada día es igual o parecido al anterior. Nadie falta, nada cambia, todo está bien.
Un día, sin embargo, sucede algo extraño. Alguien lleva en las manos un libro inadecuado en ese contexto y provoca en otro viajero un destello de sorpresa en sus ojos. A lo largo de las siguientes jornadas, la mujer asiste callada a un diálogo entre libros leídos que no llega a comprender porque no entiende de letras escritas, aunque sí de gestos, comisuras de labios, acercamientos y miradas. Por eso sabe que los libros han provocado que nazca la complicidad entre sus dueños. No se atreve a imaginar hasta dónde puede llevarlos.
También asiste, quizás, a la ruptura, cuando uno de los dos se presenta desnudo de lectura. Es posible que los viajeros objeto de espionaje dejen de coincidir por algunos días y la intriga por la razón que explique la ausencia se adueñe del pensamiento de la mujer. En otro momento, se producirá el reencuentro. Pero nadie cruza palabras, solamente impera la narración y el desvarío de la mujer que es testigo de la historia.

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